La pregunta de bar lleva veinte años igual: ¿qué marca de disco dura más? Acaba de contestarla un trabajo con revisión por pares sobre 442.992 discos y más de 1,66 millones de años de funcionamiento, y la respuesta es contundente: unos fallan menos de la mitad que otros. Ese es el titular que ha circulado estos días. La sección VI del mismo artículo ha circulado bastante menos, y es donde los autores calculan cuánto deberías estar dispuesto a pagar por esa diferencia: con sus propios supuestos, 11,80 dólares por disco a diez años. Y en la misma tabla donde está el titular hay una fila que apenas se ha citado y que, en nuestra experiencia operando hierro, decide más que la marca.
Qué han medido, y por qué no es otra tabla trimestral
El artículo se titula Are There Manufacturer Differences in Hard-Drive Reliability? y lo firman Christoph Siemroth (Universidad de Essex) y Yeomyung Park (Universidad Sungkyunkwan, Seúl). Está publicado en IEEE Transactions on Cloud Computing, volumen 14, número 2, páginas 1015 a 1024. El repositorio de la Universidad de Essex tiene en abierto la versión aceptada, que es la que hemos leído entera para escribir esto. Los datos son los que Backblaze publica todos los días desde 2013: estado de cada disco, atributos SMART, número de serie y modelo. La ventana llega hasta el segundo trimestre de 2025.
La parte interesante no es el tamaño, es el método. Las tablas trimestrales de toda la vida comparan los discos que había en el parque ese trimestre, y el parque de cada fabricante tiene una edad distinta, una capacidad distinta y un año de instalación distinto. Aquí usan regresión de duración —modelos de supervivencia, Cox y Weibull— que saben tratar el censurado por la derecha: un disco que seguía girando el último día de los datos no te dice cuándo morirá, solo que llegó vivo hasta ahí. Y comparan manteniendo constantes la edad, la capacidad, el formato y la temperatura media. Es decir: disco contra disco comparable, no parque contra parque.
Un límite que los propios autores ponen por delante y conviene repetir: solo el 0,52% de los discos lleva más de diez años en los datos, así que esto estima diferencias a corto y medio plazo, no a quince años vista.
La fila que todo el mundo ha citado
La Tabla I del artículo pone a Seagate como referencia —valor 1— y mide a los demás contra él. Con los dos modelos sale prácticamente lo mismo, que es justo lo que quieres ver:
La diferencia entre HGST y WD no es ruido: el contraste que hacen los autores devuelve p = 0,000. Hasta aquí, el titular es correcto y está bien hecho. El problema llega cuando alguien lo lee como una recomendación de compra, porque el ganador no se vende. Lo dice el propio artículo en su primera nota al pie: WD compró HGST en 2012 y más tarde dejó de fabricar discos con esa marca. Los HGST del conjunto de datos son, en su mayoría, hierro instalado en los primeros años de la muestra. La mejor compra real de la tabla es la segunda fila.
La fila de debajo: 1,021
Debajo de los fabricantes, en esa misma Tabla I, hay una línea que dice Average HDD Temperature y un número: 1,021, idéntico en los dos modelos. Es la temperatura media diaria del disco, tomada del atributo SMART 194, con 20 °C como referencia. Significa que cada grado de más multiplica la tasa de fallo por 1,021. Un 2,1% por grado, manteniendo todo lo demás igual.
Esa cifra, suelta, parece pequeña. Hagamos la cuenta nosotros con su propio coeficiente. Cuatro grados de más son 1,021 elevado a cuatro: un 8,7% más de fallos. La distancia entre Seagate y Toshiba, los dos fabricantes que la tabla deja casi empatados, es un 7%. Es decir: un rack cuatro grados más caliente de lo que debería te cuesta más que la diferencia entre esos dos fabricantes. Y diez grados, que es lo que separa un pasillo bien contenido de uno que recircula aire caliente, salen a un 23% más de fallos. Conviene decir lo evidente, porque si no la comparación hace trampa: el salto de Seagate a WD sí es grande —un 49% menos de fallos— y cuatro grados no lo tapan. Lo que dicen estos números es que la temperatura juega en la misma liga que la marca, no que la sustituya.
El 2,63 que sale de la Tabla II
Los autores repiten el análisis añadiendo la posición física del disco dentro del centro de datos —el cluster, en la nomenclatura de Backblaze— para comprobar que el ranking de fabricantes no se debe a que a uno le hayan tocado los sitios malos. No se debe: el orden no se mueve. Pero por el camino sale un número que ellos mismos subrayan.
Con una cautela que los autores no escriben y que conviene poner encima de la mesa: de los dos números que forman ese cociente, el flojo es el denominador. El 0,489 del cluster 60 lleva un error estándar de 0,203 y un solo asterisco, o sea que solo es significativo al 10%; el 1,287 del cluster 20, en cambio, es sólido al 1%. Traducido: la dirección del hallazgo es robusta y la magnitud exacta no. Que el peor emplazamiento rompe discos más rápido que el mejor está bien establecido; que sean 2,63 veces y no 1,8 ya es otra discusión.
2,63 veces. Entre dos sitios del mismo edificio. Con el mismo disco dentro. Para la escala: toda la horquilla entre el fabricante más fiable y el menos fiable del estudio es 2,7 veces, y el extremo bueno no se vende.
Las palancas, ordenadas por lo que mueven
Juntando lo que el artículo mide en sus cuatro tablas, esto es el mapa completo. La última columna es la nuestra, y es la que cambia la conversación.
Lo de la capacidad merece pararse. El coeficiente es 0,966 por terabyte: un disco con 1 TB más se lleva un 3,4% menos de tasa de fallo. Pasar de 4 TB a 16 TB son doce saltos, o sea un 34% menos de fallos por hacer la cuenta con su propio número. Una de las tres explicaciones que dan no es magia: los discos grandes son los nuevos, y en la ventana del estudio cada vez más discos de empresa pasaron a cerramientos rellenos de helio, que reduce el arrastre aerodinámico sobre los platos y con él el calor y el desgaste del cojinete. El matiz honesto: menos discos y más grandes significa también reconstrucciones más largas cuando uno cae, y eso no lo mide este artículo. Ahí la decisión no es de fiabilidad del componente, es de arquitectura, y ya la desgranamos en réplica 3 frente a erasure coding, con la cuenta completa.
Los doce dólares
La sección VI del artículo se titula, literalmente, «¿Cuándo compensa comprar el disco más fiable?». Los autores montan la cuenta entera: el coste total de un disco es su precio más la tasa anual de fallo multiplicada por el coste de cada sustitución y por los años que lo vas a tener. De ahí sale el sobreprecio máximo que tiene sentido pagar.
Y lo aplican ellos mismos. Con una vida de diez años, un coste de sustitución de 100 dólares y la diferencia de tasa de fallo que da su propia regresión, el sobreprecio máximo aceptable por el disco más fiable sale a 11,80 dólares. Once dólares con ochenta, para un disco que va a estar una década girando.
Antes de llevarse esa cifra a la tienda hay que mirarle dos cosas, porque los dos parámetros del ejemplo son de Backblaze y no tuyos. La primera: la diferencia de tasa que usan es la de HGST, el 41% —el disco del que llevamos media página diciendo que ya no se fabrica—. Si rehaces la cuenta con el único salto que puedes comprar de verdad, de Seagate a WD, salen 9,72 dólares. La segunda va en dirección contraria y es la que importa: ese coste de sustitución de 100 dólares lo define el artículo como mano de obra y logística del cambio más el coste esperado por la caída. En un operador con técnicos en plantilla y discos en la estantería, cien dólares es razonable. En una pyme sin nadie de guardia y sin repuesto, ese número es más alto, y como el sobreprecio aceptable es ese coste multiplicado por la diferencia de fallos y por los años, cuanto peor tengas resuelta la sustitución, más te compensa pagar por el disco bueno. Con 300 dólares de coste de sustitución y diez años, el margen sube a 29 dólares.
El artículo cierra razonando exactamente en esa dirección: si los sueldos de los técnicos de centro de datos suben más deprisa que las diferencias de precio entre modelos de disco, dicen, cada vez compensará más pasarse a discos más caros y más duraderos. La fórmula no te dice «no pagues». Te dice que hagas tu propia cuenta, y que la variable que de verdad la mueve no es el disco: es lo que te cuesta a ti cambiarlo.
Los autores también dicen cuándo sí importa, y es justo lo contrario de lo que insinúa el titular: a escala. Con los más de 300.000 discos activos de Backblaze, elegir el menos fiable a igualdad de precio son más de 3 millones de dólares de coste total extra, y pasar de un 1% a un 2% de tasa anual son 3.000 discos más que cambiar al año —el artículo etiqueta ese 1% como Toshiba y ese 2% como Seagate, leídos de su Figura 2; son niveles crudos y el orden sale al revés que en la Tabla I ajustada, que es justo la confusión sobre la que avisamos más abajo—. Y añaden el detalle que delata a gente que ha pisado una sala: el hardware puede estar en garantía, pero las horas del técnico que lo cambia no las cubre ninguna garantía.
El número que de verdad cambia tu semana: 2,4%
Hay una frase en el artículo que vale más que toda la tabla de marcas. Dice que hasta los 50 meses de edad, la tasa de fallo de ningún fabricante supera 2 de cada 1.000 discos al mes, o un 2,4% anualizado. Ninguno. Ni el peor. A partir de ahí la cosa se abre —Toshiba se dispara a entre 5 y 6 de cada 1.000 al mes, un pico que ningún otro fabricante muestra a ninguna edad, mientras los demás se quedan en 2,5 o por debajo—, pero los primeros cuatro años todo el mundo está en el mismo orden de magnitud.
Traducido a un clúster del tamaño del que se discute en una pyme —pongamos 36 discos de menos de cuatro años—, ese techo del 2,4% da como máximo 0,86 fallos al año. Techo, no media: con esa probabilidad lo más frecuente es que no se te muera ninguno. Y con dos condiciones que vienen de la propia muestra, discos de empresa y condiciones de centro de datos: si tu parque está en una sala caliente, ese techo no es tu techo, que es exactamente lo que dice el 1,021 de más arriba. Cambiar de fabricante mueve ese número unas décimas de disco. Y conviene no confundirlo con otra cifra que ya hemos manejado en este blog: las sustituciones reales en centros de datos van del 2 al 4% anual, más altas, porque se cambian discos que todavía no han fallado. Fallo y sustitución no son lo mismo, y tu almacén lo sabe antes que tu panel. Vas a cambiar discos igual. La pregunta que decide si eso es una anécdota o un disgusto no es cuál compraste: es qué hace el sistema en las horas siguientes. Si el dato está replicado y la reposición arranca sola, es papeleo. Si la copia está en el mismo chasis, o si el repuesto tarda seis semanas en llegar —que es un problema real y lo contamos en tu redundancia supone que el repuesto llega mañana—, entonces un componente que falla se convierte en una avería, y la avería es una decisión de diseño, no mala suerte.
Lo que este estudio NO dice
- No mide la carga de trabajo. Los autores lo ponen en las limitaciones: cada fabricante implementa los atributos SMART a su manera, así que no pueden comparar lecturas y escrituras entre marcas. Asumen que las cargas no difieren drásticamente, y se apoyan en que controlar la posición no mueve el ranking.
- Y el 7% del que tanto hemos hablado es el número más flojo de los cuatro. Lo escriben ellos: la diferencia entre Toshiba y Seagate es significativa al 5%, pero «no tan clara como las diferencias entre los otros pares de fabricantes». Además Toshiba se cae por debajo de Seagate en dos de las cuatro tablas (0,977 sin significación en una, 0,863 en otra). Si has llegado hasta aquí pensando que Toshiba es el malo de la película, el propio artículo pide prudencia.
- No habla de tus discos de sobremesa. El artículo dice que Backblaze usa en su mayoría unidades de empresa, en un centro de datos climatizado y girando 24×7. Entre discos de consumo, dicen, las diferencias podrían ser otras.
- No juzga los modelos de este año. El conjunto incluye modelos de hace más de diez años, y los más nuevos «todavía no han tenido tiempo de demostrar nada». Dicho por ellos.
- Y cuidado con mezclar dos números suyos. La Tabla I da razones ajustadas —disco contra disco comparable— y la Figura 2 da niveles crudos observados. No son lo mismo, y el propio texto usa los dos. Distinguirlas es, literalmente, la razón por la que el artículo existe.
Lo que puedes mover tú, y en qué orden
Lo primero es la temperatura, porque es la que tiene coeficiente y la que nadie mira. El atributo es el SMART 194 y lo lee cualquier agente que ya tengas puesto; lo que cambia la conversación no es el número de la sala, es la lista de discos ordenada por su propia temperatura media. Y ordénala por el percentil 90, no por la media: lo que te interesa son los diez peores, no el número que te tranquiliza.
Lo segundo es saber dónde está y desde cuándo está cada disco. Número de serie, fecha de instalación y posición: tres columnas en el inventario, y sin ellas la palanca de la edad —la más grande del estudio— no la puedes usar, porque no sabes cuántos meses lleva girando nada. Con esas columnas puedes cruzar los fallos del último año contra el chasis y la unidad de rack y ver si se repiten en el mismo sitio. Un aviso para no venderte humo: eso no es lo que mide el 2,63 —un cluster de Backblaze son varias bóvedas de veinte servidores, no un chasis—, pero es el mismo mecanismo bajado a tu escala, y es la única forma de distinguir un lote malo de un sitio malo.
Lo tercero es qué compras, y aquí el consejo es poco glamuroso: moderno antes que caro. El coeficiente del año de instalación es de los discos de Seagate, así que la cuenta de cinco años de salto —un 39% menos de fallos— es suya y no de todos; para WD el propio artículo estima un 17% anual, y advierte por escrito de no extrapolar más allá del periodo de la muestra. Aun con esa cautela, el orden de magnitud aguanta: renovar hierro viejo rinde parecido a cambiar de fabricante, y a diferencia del fabricante, renovar está a tu alcance.
Y lo cuarto no sale en el estudio: cronometra una reconstrucción de verdad. Saca un disco en horario de oficina y mide cuánto tarda el clúster en volver a estar completo. Ese número, y no la marca, es el que describe tu riesgo real. Mientras lo haces verás que Ceph no rinde lo que pone en la ficha del disco, que es otra historia pero del mismo armario.
Dónde encaja esto en lo que hacemos
No somos resellers de una plataforma concreta: recomendamos según el caso, no según la comisión. Lo que hacemos es operar el hierro: colocation con hierro propio en centro de datos, con almacenamiento distribuido con Ceph por encima, que es la pieza que convierte un disco muerto en una línea de registro en vez de en una llamada a las tres de la mañana. La temperatura media de cada disco y su fecha de instalación son, literalmente, dos gráficas de nuestro Zabbix; y el soporte gestionado 24/7 es quien mira el panel cuando se pone naranja.
Si tienes el parque en una sala que fue un despacho y sospechas que la temperatura es tu problema de verdad, escríbenos: sacar el SMART 194 de todo y ordenarlo por posición es una tarde de trabajo y no obliga a nada. Si lo que sale es feo, hablamos de nuestro colocation. Si sale bien, te lo decimos igual y te ahorras la mudanza.
Y si te quedas con una sola frase del artículo, que no sea el ranking. Que sea esta: el mayor estudio público sobre diferencias de fiabilidad por fabricante coronó a un fabricante, puso precio a esa corona —doce dólares— y, en la misma tabla, dejó escrito que la sala donde pones el disco pesa casi lo mismo. La diferencia es que la sala sí es tuya.
Fuentes. Todos los datos, citas y coeficientes de este artículo salen de Are There Manufacturer Differences in Hard-Drive Reliability?, de Christoph Siemroth (University of Essex) y Yeomyung Park (Sungkyunkwan University), publicado en IEEE Transactions on Cloud Computing, vol. 14, n.º 2, pp. 1015-1024 (DOI 10.1109/TCC.2026.3679404). Hemos leído entera la versión de acceso abierto del repositorio de la Universidad de Essex: repository.essex.ac.uk/43022. De ahí: razones de riesgo por fabricante y coeficiente de temperatura (Tabla I, 442.992 observaciones), posición en el centro de datos, el cociente 1,287/0,489 ≈ 2,63 y los errores estándar de ambos coeficientes (Tabla II y sección V-D), efecto de la capacidad 0,966 por TB (Tabla III), efecto del año de instalación 0,905–0,884 (Tabla IV), el techo de 2 por 1.000 al mes / 2,4% anualizado hasta los 50 meses y el pico de Toshiba (sección V-A), la fórmula del sobreprecio aceptable y el ejemplo de los 11,80 dólares (sección VI), y las limitaciones y el dato de los 300.000 discos (sección VII). Cuentas nuestras, hechas con sus coeficientes y señaladas como tales en el texto: 1,021⁴ = +8,7% y 1,021¹⁰ = +23%; 0,966¹² = −34%; 0,905⁵ = −39%; el techo de 0,86 fallos anuales en un parque de 36 discos aplicando el 2,4%; y el sobreprecio de 9,72 USD para el salto Seagate->WD y de 29 USD con un coste de sustitución de 300 USD, con la fórmula de la seccion VI. Foto de portada: «3.5 inch hard disk drive, side view», de Gunnar Wolf (Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).