La semana pasada salió un número que se compartió mucho y se leyó poco: por primera vez, la mayoría de las cargas de IT corporativa ya no vive en un centro de datos de la propia empresa. Cuarenta y seis por ciento fuera, cuarenta y cuatro dentro. El dato es sólido y viene de una fuente seria. La frase que se le pegó encima —«al final la nube ganó»— no está en el informe, y además el informe dice algo bastante distinto. Lo mejor, de hecho, no está en el titular: está en el 10% que sobra de esa cuenta y en lo que ha pasado con los kilovatios por rack.
Qué dice el dato, exactamente
Viene de la decimosexta encuesta anual de centros de datos de Uptime Institute, anunciada el 28 de julio de 2026 con trabajo de campo de abril y mayo. El reparto de cargas es este: 46% en instalaciones de terceros, 44% en centros de datos propios de la empresa y 10% en «salas de IT y armarios de servidores» en vez de una instalación dedicada. Es la primera vez que la primera cifra supera a la segunda, y Uptime proyecta que la parte de terceros llegue al 48% en 2028. (Sobre qué pasa con el 44%, la cobertura no coincide: Network World lo baja al 42% y The Register dice que se queda igual. Lo dejamos así, porque la diferencia importa menos que la dirección.)
Antes de construir nada encima, la letra pequeña, porque cambia bastante para quién vale el número. Participaron más de 1.600 personas; el núcleo del informe son más de 800 propietarios y operadores de centros de datos, y es de ese grupo del que Uptime dice que el 52% está en Norteamérica y Europa y que cerca de uno de cada cuatro trabaja para proveedores externos de IT o de centro de datos. El propio Uptime avisa de que el tamaño de muestra varía según la pregunta porque responder no era obligatorio. Traducido: esto mide la industria del centro de datos desde dentro. No es un censo de la pyme española. Si tu empresa tiene un rack en un polígono del Bages, no estás en esa muestra. Sirve como dirección del viento, no como «esto es lo que pasa en tu sector».
Ese 46% mete en la misma caja dos decisiones opuestas
Aquí está, para nosotros, el problema de la lectura fácil. La categoría de «instalaciones de terceros» de Uptime agrupa colocation, nube, hosting y SaaS. Son cuatro cosas, y por lo menos dos de ellas son decisiones contrarias en todo lo que importa: de quién es el hierro, quién parchea qué, cómo se paga y cuánto se tarda en salir.
Sumar esas dos columnas y llamar al resultado «fuera de casa» es correcto. Llamarlo «la nube» no lo es. Y de ahí sale la tesis de este artículo, que es una sola frase: el 46% demuestra que las empresas han dejado de querer ser dueñas del edificio. No demuestra que hayan dejado de querer ser dueñas de la máquina. Son dos decisiones distintas, se toman por motivos distintos y solo una de las dos va de nube.
Toca decirlo: nosotros hacemos colocation con hierro propio en centro de datos, así que somos parte interesada en esta lectura concreta. Por eso preferimos dejarla en los números y no en los adjetivos. Y por eso, cuando la conversación es de dinero y no de arquitectura, remitimos a lo que ya escribimos sobre la cuenta a cinco años entre colocation y nube pública, con las seis partidas que casi nadie suma entera.
11 kW de titular, 7,8 kW si quitas la IA
Esta es la parte del informe que más nos interesa y la que menos se ha contado. Hay tres cifras de densidad por rack y hay que leerlas juntas, porque por separado cada una cuenta una película distinta:
- La densidad modal —la más frecuente— cruza por primera vez los 11 kW por rack. En 2025 estaba en 9 kW.
- Pero si dejas fuera los despliegues de muy alta densidad, la densidad media sube de 7,5 a 7,8 kW. Tres décimas en un año.
- Y el 24% de los operadores ya declara racks de 30 kW o más, cuando el año pasado era el 19%.
La cifra que viaja sola por los titulares es la primera. La que describe a la mayoría de las salas es la segunda, y la distancia entre las dos es todo el asunto: lo que separa 11 de 7,8 no es un año de crecimiento, es un puñado de despliegues de alta densidad. Quítalos y el mercado se mueve tres décimas. El agregado no está subiendo porque todo el mundo suba un poco; está subiendo porque una minoría se va muy arriba. Que además el 24% declare ya racks de 30 kW o más, desde el 19%, apunta en la misma dirección: no es que la media se desplace, es que la cola se está engordando.
Por qué le importa esto a una empresa normal, que no va a montar un clúster de entrenamiento en su vida: tu problema no son los racks de 30 kW, tu problema es que lo «normal» se ha movido. Casi 8 kW es lo que consume hoy un rack corriente, sin IA ni nada parecido, y el servidor que compres el año que viene no va a consumir menos. La pregunta incómoda no es cuánto sube el sector: es para cuántos kilovatios se dimensionó la sala donde está tu rack, y si alguien lo ha vuelto a mirar desde entonces. Esa es la misma corriente de fondo que ya notamos en el bolsillo con la subida del precio de la memoria por la demanda de los centros de datos de IA: no hace falta hacer IA para pagar sus consecuencias.
El 10% del que no habla el titular
Vuelve a la cuenta: 46 más 44 son 90. El 10% que falta es la categoría que Uptime describe como «salas de IT y armarios de servidores en vez de una instalación dedicada». Es una descripción muy educada de algo que conocemos todos: el cuarto. El despacho reconvertido con un rack, un split doméstico apuntando a la puerta, un SAI comprado hace seis años, una línea monofásica compartida con la máquina de café y la puerta abierta con una silla los días de calor.
Junta ese cuarto con la cifra anterior y sale la única conclusión práctica de todo el informe. Un rack que consume 8 kW mete 8 kW de calor en esa habitación, de forma continua, los 365 días. No es una opinión ni una tendencia de mercado: es que la energía que entra por el cable tiene que salir por algún sitio. Un split doméstico no evacua eso una tarde de agosto, y cuando el split se para un sábado no hay nadie mirando y no hay una segunda máquina de frío esperando.
Y aquí va lo que de verdad pensamos, después de años entrando en esos cuartos: nadie saca el rack de ahí por una diapositiva de estrategia de nube. Se saca el verano en que el aire se para un sábado. La decisión casi nunca es intelectual; es una factura de recuperación, un disco muerto por temperatura o un seguro que empieza a preguntar. Si has llegado hasta aquí y estás haciendo la cuenta de los kilovatios de tu sala, esa conversación —dónde ponerlo y con qué garantías eléctricas— es literalmente a lo que nos dedicamos.
Hubo menos caídas y salieron más caras
Otro par de cifras que solo tienen sentido juntas. El 47% de los operadores declara haber sufrido una caída con impacto en los últimos tres años, por debajo del 50% del año anterior: mejora. Pero entre los afectados, el 71% cifra el incidente en 100.000 dólares o más, cuando hace un año eran el 57%. Y la causa principal sigue siendo la de siempre: fallos de energía, el 56%. Ni software, ni nube, ni ciberataque. Electricidad.
La lectura optimista («cada vez se cae menos») es incompleta. Lo que dicen las dos cifras juntas es que cada instalación concentra cada vez más carga crítica, así que cada incidente vale más dinero. Es el mismo movimiento del 46%: al consolidar en menos sitios y más grandes, bajas la frecuencia y subes el coste unitario del fallo. Cambiar de edificio no te saca de la cadena eléctrica; cambia de quién es y —esto es lo importante— si tú puedes auditarla. Lo vimos con detalle en la caída de Google Cloud de julio por energía y refrigeración: una bajada de tensión de milisegundos, dos acometidas, y la sala a 44 grados dos horas después. A escala de hiperescalar, la misma física del cuarto.
Y una cifra que no encaja con el relato de la IA
En la misma encuesta, la confianza de los operadores en la IA aplicada a su propio trabajo baja en los dos apartados que traen comparativa con el año pasado. Los que creen que mejora la eficiencia caen del 58% al 52%. Los que confían en que reduce el error humano se quedan en el 40%, once puntos menos. Y luego hay dos cifras que se publican sin año anterior, así que no sabemos si suben o bajan, pero se leen solas: confiar en la IA para controlar equipos, 31%; para configurar de forma automática, 16%.
Y esto es cosecha nuestra, no del informe: el sector que está construyendo los centros de datos para la IA confía menos que el año pasado en la IA para operarlos. No nos parece una contradicción ni una incoherencia. Nos parece que la gente que está más cerca de la consecuencia física de un error —una sala a 44 grados, una transferencia de carga que no ocurre— es la que pide más pruebas antes de delegar. Es exactamente el criterio que aplicamos nosotros a cualquier automatización: se automatiza lo que sabes verificar, y el 16% de ese último apartado dice que verificar una configuración generada todavía no está resuelto.
Cuándo NO nos moveríamos
Lo dice quien cobraría por hacer la mudanza, así que vale doble. Hay tres situaciones en las que sacar el hierro de casa nos parece mal negocio, y las decimos antes que las buenas:
- Cuando el servidor habla con una máquina que está en la nave. Control de producción, adquisición de datos, un histórico que escribe cada segundo contra un autómata a diez metros. Ahí la latencia y la dependencia del enlace no se arreglan con más ancho de banda, y una avería de línea te para la fábrica en vez de pararte el correo.
- Cuando hay un motivo contractual o normativo escrito sobre dónde vive el dato. No lo discutimos: lo leemos y se diseña alrededor.
- Cuando la carga es de verdad pequeña. Dos servidores que suman kilovatio y medio, en una sala decente, con SAI dimensionado y copias que alguien ha probado a restaurar: eso no necesita mudarse a ninguna parte todavía. Mover eso a colocation añade cuota y complejidad para resolver un problema que aún no tienes.
Las cinco preguntas antes de mover nada
- ¿Cuántos kW consume tu rack hoy, medidos y no estimados? Y con el servidor que toca comprar en tres años, ¿cuántos? Si nadie sabe el número, esa es la primera tarea y no cuesta dinero: se lee en la regleta.
- ¿Qué pasa exactamente un sábado a las tres de la tarde si se va la luz? No la teoría: cuánto aguanta el SAI de verdad con la carga de hoy, quién apaga, quién enciende y en qué orden, y si el frío arranca solo cuando vuelve la corriente.
- Si te mueves, ¿qué te llevas: el hierro o solo el dato? Esa respuesta decide si estás hablando de colocation o de nube. Son contratos distintos, riesgos distintos y salidas distintas, y confundirlas es justo el error del titular del que va este artículo.
- ¿Quién parchea qué, por escrito? Hipervisor, sistema operativo, aplicación, firmware de la cabina. El reparto no dicho es la primera fuente de discusiones a los seis meses, y siempre aparece el día que hay un aviso crítico.
- ¿Cómo sales? Plazo de preaviso, en qué formato te devuelven los datos, qué cuesta la salida y quién desmonta. Si no está escrito antes de firmar, no existe.
Lo que sí diríamos
El 46% no es un veredicto, es una dirección. Y hay que ser justos con el argumento: tampoco nosotros sabemos qué parte de ese 46% es colocation y qué parte es SaaS, porque el informe no lo desglosa. No estamos diciendo que la nube no haya crecido. Estamos diciendo que ese número, tal como está publicado, no puede decidir esa discusión en ningún sentido, y que quien lo usó la semana pasada para darla por zanjada le pidió al dato algo que el dato no lleva dentro. Parte de ese «fuera de casa» —cuánta, no lo dice nadie— es gente que se llevó sus propias máquinas a un sitio con la potencia bien hecha, que es una decisión bastante distinta de renunciar a tenerlas.
Lo que no haríamos, con toda la intención: usar este 46% como argumento en un comité para una migración que nadie ha costeado. Un dato de una encuesta sectorial no es un caso de negocio, y menos si la muestra no se parece a tu empresa. Y tampoco haríamos lo contrario —quedarse en el cuarto porque «siempre lo hemos tenido aquí»— cuando la regleta marca ocho kilovatios y el aire lo lleva un split. Entre las dos cosas hay una conversación de una tarde con los números delante, y la tenemos encantados, recomendando según el caso y no según la comisión.
Fuentes (verificadas el 2 de agosto de 2026): todas las cifras proceden de la decimosexta encuesta anual global de centros de datos de Uptime Institute, anunciada por Uptime en nota de prensa el 28 de julio de 2026 y cubierta por la prensa del sector el 30, y de su cobertura en Network World, Data Center Knowledge y The Register: el reparto 46% / 44% / 10%, que la categoría de terceros agrupa colocation, nube, hosting y SaaS, que es la primera vez en las dieciséis ediciones, la proyección de 48% frente a 42% en 2028, la densidad modal de 11 kW frente a 9 kW en 2025, la densidad media de 7,8 kW (desde 7,5) excluyendo los despliegues de muy alta densidad —Network World publica las dos cifras seguidas y en ese orden, y el contraste que hace es con y sin esos despliegues—, el 24% de operadores con racks de 30 kW o más frente al 19% anterior, el 47% con caída de impacto en tres años (desde el 50%), el 71% de incidentes de 100.000 dólares o más (desde el 57%), los fallos de energía como causa principal con el 56% y los porcentajes de confianza en la IA (52% desde 58%, 40% con once puntos menos, 31% y 16%). Aviso honesto sobre estas últimas: el 56% de energía, las cuatro cifras de IA y la proyección del 42% para 2028 los publica solo Network World; The Register dice en cambio que la parte propia se mantiene, y en otro dato del mismo informe (dificultad de contratación) Network World da 51% donde The Register y Data Center Knowledge dan 53%. No hemos podido contrastar esas cifras contra el informe completo, que es de pago. La metodología —más de 1.600 participantes, más de 800 propietarios y operadores, trabajo de campo de abril y mayo de 2026, 52% en Norteamérica y Europa, cerca de una cuarta parte trabajando para proveedores externos y tamaño de muestra variable por pregunta porque responder no era obligatorio— sale de la nota de prensa del propio Uptime Institute y de la cobertura citada. La descripción de la categoría del 10% como «salas de IT y armarios de servidores en vez de una instalación dedicada» es literal del informe. Son criterio y opinión nuestros, no de las fuentes: que sumar colocation y SaaS en una sola categoría mezcla decisiones opuestas, la tabla de las cinco preguntas comparadas, la lectura de que lo que separa la densidad modal de la media es un puñado de despliegues de alta densidad y no un año de crecimiento general, el argumento térmico del cuarto, la interpretación de que menos caídas y más caras es consecuencia de la concentración de carga, la observación sobre la confianza de los operadores en la IA, las tres situaciones en las que no nos moveríamos y las cinco preguntas finales. No hemos medido cuántas pymes españolas están hoy en cada una de las tres categorías y no nos lo vamos a inventar. Foto de portada: «Server Room» de Carl Lender, Wikimedia Commons, CC BY 2.0.
¿Cuántos kilovatios hay hoy en tu sala?
Miramos contigo el consumo real, qué pasa el día que se va la luz y si lo que te conviene es quedarte, ir a colocation o partirlo. Con los números delante y sin migración por titular.
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